Diario de Viaje a ninguna parte

Diario de Viaje a ninguna parte

¡Qué nervios! Ya falta poco para los Juegos Olímpicos y para el viaje. Con Adrián De Benedictis salimos de Ezeiza a las 22.20 de mañana. Es el vuelo EK 248 de Emirates Airlines, a Beijing, vía Dubai. Espero no haberme olvidado nada: pasaje, pasaporte, visa, acreditación, anteojos (dos pares), plata (poca), remedios (muchos), tarjetas, la notebook… eso es lo fundamental. Entre el vuelo y la espera en la escala de Dubai son 30 horas y 5 minutos. Lo de 5 minutos aparte de las 30 horas parece un chiste de humor negro. 

El avión, según marca el boleto electrónico, es un Boeing 777-300 ER. En clase económica, claro, pero se supone que las butacas son cómodas y que las azafatas con ese uniforme tan característico de Emirates, te la hacen más fácil. En el respaldo del asiento que está delante del de uno seguro que hay una computadora, con todos los chiches: podés ver una pila de películas en español, hay música de todo el mundo e información detallada del vuelo milla a milla, además de juegos clásicos: tetris, ajedrez, solitario con cartas de póker.

Igual, en la mochila tengo mucho para leer, de todos los datos sobre Japón que nos dieron en la embajada hace como un año, de lo que fuimos bajando de Internet y de la historia de los Juegos. Es mi primera cita olímpica. Y seguramente la única, a esta altura del partido. Cubrí los mundiales de Alemania (1974 y 2006), el de Argentina (1978), el de España (1982) , el de México (1986), el de Francia (1998), el de Brasil (2014) y el de Rusia (2018), cubrí los Panamericanos de Puerto Rico (1979), La Habana (1991) y Mar del Plata (1995), pero nunca los Juegos Olímpicos, y eso me genera un entusiasmo de principiante. 

El viaje es un amasijo, y el jet lag ni te cuento, pero sería absurdo esbozar media queja. En Beijing, ciudad que no conocemos, vamos a estar un día y medio y el 24, a las 8.15 tomamos el vuelo 852 de Pakistán Airlines que nos va a depositar a las 12.55 en el aeropuerto de Narita, en Tokio. Tenemos alquilada una casa por Airbnb en Kioto para los primeros días: 457 kilómetros y medio (el medio es otro chiste de humor negro) pero con el Shinkansen, el tren bala, son solo dos horas y media. Igual el primer día vamos a intentar confirmar rápido la acreditación y, si lo logramos, veremos la ceremonia inaugural que va a ser impactante, sin duda. Después si, a Kioto. Ya sabemos que no podremos ver todos los deportes, vamos a darle prioridad al fútbol, al básquetbol, al vóleibol y al atletismo, pero lo decidiremos sobre la marcha. Un empacho para cualquier amante de los deportes. En esas competencias hay que ir programando día a día.

Tenemos el pasaje de vuelta para una semana después de terminados los Juegos porque queremos pasear un poco y ver al menos Hiroshima, Osaka y recorrer mejor Tokio. Ojalá les podamos contar en los próximos envíos algo de la pasión por el manga (las historietas); de los hoteles-cápsula, que son como nichos; de los lugares en los que se alquilan gatos, perros y serpientes para que los ponjas los acaricien; de las gheisas, de las comidas deliciosas y, en fin, de todo eso con lo que nos cuentan que nos vamos a topar. Va a ser buenísimo. Punto y aparte.

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Bueno, hasta acá llegamos. Así iba a ser. Tal vez eso íbamos a escribir en el día cero. Pero no, pasó a ser el diario de viaje a ninguna parte. Resulta que, como ustedes saben, llegó la pandemia, la Covid-19 y perdimos. 19 a 0 perdimos. Suspensión de todo y minga de manga, de Emirates, Tokio, JJOO y todo lo demás. Tachame la doble de las fantasías y las ilusiones. Adrián De Benedictis dice que el año que viene, si es que finalmente se hacen los Juegos, él va si o sí. Adrián es joven.

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